viernes, 1 de febrero de 2013

César Rioja: Del partido de Lliria a la universidad americana

Con el 5, al lado de Nacho Azofra. (Gigantes).

César Rioja llegó a ser internacional junior, pero solamente jugó un partido en la ACB. Su carrera profesional, lanzada desde la cantera del Estudiantes, le permitió conocer el norte (Gijón) y el sur (Motril) de España, pero no se extendió demasiado. Este alero de 2,00 metros tiene ahora un empleo que es, como mínimo, curioso: es director de Deportes de la Saint Louis University… en Madrid. Se trata de una universidad americana  de inspiración jesuita que tiene un campus en la capital de España y que permite estudiar distintas carreras en un ambiente internacional. Según me cuenta Rioja, que se licenció en Educación Física por la Complutense, este curso hay representadas 63 nacionalidades. “Estoy muy contento. Me encanta poder trabajar cada día en un ambiente tan buen y tan internacional que te ayuda a conocer otras culturas. Esto es muy enriquecedor personalmente”, señala. Aquí podéis ver su perfil en la web de la universidad.

El momento más especial de su carrera ocurrió el 8 de febrero de 1992. Miguel Ángel Martín le dio cancha en un partido en Lliria que estaba claramente ganado. Fueron un minuto y 28 segundos que no tendrían prolongación en Liga, aunque sí en Europa, donde dispuso de algún partido más. No llegó a anotar. “Es un recuerdo genial, pasó muy rápido, pero era un sueño, estaba en la cancha en partido oficial con Nacho Azofra, Alberto Herreros, John Pinone y Juan Antonio Orenga”, afirma.

Ahora.
A veces nunca se sabe por qué unos triunfan y otros no, unos se asientan en unas categorías y otros tienen que buscarse la vida más abajo. Se asegura que Rioja no era mal jugador y que, con su altura y movilidad, hubiese podido hacerse un hueco más tiempo en la élite. “Es complicado definirse a uno mismo, pero me considero un jugador de equipo, bueno en defensa y en ataque, muy trabajador”, remarca.

“Los recuerdos que tengo de mi época en Estudiantes son todos muy buenos, entrenamientos, viajes, partidos, etc... El grupo humano que teníamos era genial y yo al ser el más joven me trataban muy bien. Poder compartir esos años en la cancha y fuera de ella con gente que para mí eran mis ídolos. Yo iba siempre a verlos al Magariños y al Palacio de los Deportes y ahora estaba con ellos en la cancha, no podía pedir más era un sueño para un jugador de 17 años”, recalca.


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